Diagnóstico
Camero Nuevo no es un territorio sin vida, pero sí un territorio que vive con muy poca masa crítica. Conserva paisaje, actividad ganadera, recursos forestales, algo de turismo y una identidad serrana muy fuerte, pero le cuesta sostener con autonomía plena los servicios cotidianos. La escuela rural y la atención sanitaria siguen existiendo, pero lo hacen gracias a fórmulas repartidas entre varios pueblos, señal de resistencia y también de fragilidad.
La tensión de fondo no es solo demográfica. Es territorial. La vida diaria depende demasiado del coche, de la N-111 y de salir fuera para resolver demasiadas cosas. Cuando faltan servicios bancarios, vivienda disponible o accesos cómodos, la comarca pierde capacidad para fijar población estable y se vuelve más estacional, más dependiente y más vulnerable.



