Diagnóstico
La Comarca de Calahorra no tiene un problema de falta de centralidad. La tiene, y muy clara. Calahorra sigue funcionando como cabecera de Rioja Baja, con peso sanitario, comercial y de servicios, y eso sostiene buena parte del territorio. El problema es otro: que esa fortaleza no siempre se traduce en equilibrio comarcal. La ciudad concentra mucho, mientras el resto de municipios depende de ella para cada vez más cosas, y la comarca necesita seguir modernizando su base económica para no apoyarse solo en inercias del agroalimentario, la conserva o el crecimiento espontáneo del eje del Ebro.
Además, hay señales claras de lo que está en juego: la mejora de la intermodal en Calahorra y la puesta en marcha del CENTIDE apuntan a una oportunidad real de reforzar conectividad, innovación y capacidad de atracción. La tensión principal aquí no es la despoblación clásica, sino evitar que una comarca con mucha actividad pierda fuerza relativa, atractivo comercial y capacidad de ordenar bien su propio crecimiento.


